Mar 142018
 

 

Tras conocerse la detenci??n de Ana Julia Quezada, presunta asesina del ni??o Gabriel Cruz, las redes sociales se han llenado de comentarios racistas y mis??ginos

El Pa??s, Paula Guerra C??ceres , 13-03-2018

 

Ana Julia Quezada fue detenida por la muerte de Gabriel Cruz, el ni??o de ocho a??os desaparecido en N??jar, Almer??a, el pasado 27 de febrero. Su cuerpo fue encontrado este domingo en el maletero del coche que conduc??a la mujer. Su caso est?? dando lugar a un juicio social m??s all?? del hecho delictivo en s?? mismo, en donde est??n interviniendo dos elementos: su condici??n de migrante y de mujer.

Inmediatamente despu??s de conocerse la detenci??n de Quezada, las redes sociales comenzaron a llenarse de todo tipo de comentarios racistas y mis??ginos. Basta con teclear su nombre en Twitter para leer frases donde se mezclan palabras como puta, negra, mierda, asesina, chimpanc??, migrante, etc.

Los comentarios racistas no solo hacen alusi??n al hecho en s??, deleznable y condenable, sino que centran toda la atenci??n en su condici??n de extranjera y de mujer. En el imaginario colectivo racista, la mujer migrante solo se puede ubicar en alguno de estos polos: el que la representa como la puta, ambiciosa y roba-hombres, o el que la sit??a como la mujer bondadosa, sumisa y trabajadora. La instrumentalizaci??n del caso de Ana Julia Quezada viene a a??adir ahora otro elemento al primero de ellos: la asesina.

Los medios de comunicaci??n tambi??n han hecho lo suyo.

???De origen dominicano??? es, quiz??s, la frase m??s repetida en la mayor??a de las informaciones que se han dado al respecto, como si esta frase a??adiera alg??n elemento informativo de relevancia o de comprensi??n anal??tica que permitiera esclarecer las motivaciones del delito.

Estigmatizar a ???los otros???

Evidentemente, hacer hincapi?? en la condici??n de migrante y mujer no ayuda a explicar las razones que puede tener una persona para cometer un crimen. Lo que s?? hace es estigmatizar y criminalizar a un colectivo mediante la expansi??n del odio y el temor hacia aquellas personas que son construidas como ???los otros???, y que son presentadas como un riesgo social que debe ser controlado.

Ning??n caso, por doloroso que resulte, puede dar rienda suelta al racismo y la misoginia m??s feroces

La importancia de frenar estos comentarios desde el minuto uno radica en el hecho de que no podemos ceder ni un mil??metro ante la creaci??n del discurso del odio racial. Este art??culo no es una defensa de Ana Julia Quezada, como tampoco podr??a ser una acusaci??n, porque para eso est??n los tribunales de justicia.

Lo que se??alo es que ning??n caso particular, por doloroso que resulte, puede dar rienda suelta al racismo y la misoginia m??s feroces sin que nadie diga o haga nada al respecto. Estos mensajes deben encontrar inmediata oposici??n entre quienes luchamos activamente contra el racismo.

A pesar de que la madre del ni??o, en un acto de generosidad admirable, ha hecho un llamamiento p??blico a no utilizar su caso para difundir mensajes de odio, el sentimiento racista parece ser mucho m??s fuerte que la solidaridad con una madre que sufre. Eso da cuenta que c??mo se est?? instrumentalizando este caso para estigmatizar y criminalizar a las mujeres migrantes, en un argumento donde se imbrican el eje racial y el de g??nero.

Igualdad ante la ley

El paroxismo de este argumento se traduce en una petici??n de firmas que se est?? haciendo a trav??s de internet para que Ana Julia Quezada ???sea obligada a cumplir condena en la Rep??blica Dominicana???. Se trata de una solicitud que contaba con casi 320.000 firmas de apoyo en el momento de escribir este art??culo.

Ni la procedencia ni el color de la piel pueden condicionar el tratamiento judicial que se hace de un caso. Tampoco debemos permitir que se recurra a linchamientos en plazas p??blicas virtuales, creando juicios medi??ticos paralelos. Igualdad ante la ley. Ni m??s ni menos.

Empatizar con el dolor es una cosa, difundir discursos racistas es otra. Y el silencio ante estos mensajes lo ??nico que hace es ceder espacios discursivos. Si la sociedad espa??ola no quiere ser racista ni mis??gina no puede ser permisiva ni quedarse impasible ante la exacerbaci??n p??blica de este tipo de narrativas.